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Extraído de OncoLog, julio/agosto 2007, Vol. 52, No. 7-8
Gráfico: Visita a domicilio

Padres: Tengan esperanzas y sean sinceros cuando le digan a sus hijos sobre su grave enfermedad

Más maneras de ayudar a los niños a enfrentar las cosas

 
  • Informe a la escuela de su hijo acerca de su enfermedad.
  • Tenga un cuaderno en la casa donde los niños puedan escribir las preguntas que tal vez no quieran preguntar en voz alta.
  • Cuelgue un calendario con las actividades de la casa y sus visitas al médico.
  • Haga reuniones familiares después de ver al médico.
  • Encuentre un grupo de apoyo para su hijo o familia.
  • Lleve al niño al hospital.
  • Encuentre un libro sobre este tema, como How to Help Children Through a Parent’s Serious Illness (Cómo ayudar a los niños cuando un padre tiene una grave enfermedad) por Kathleen McCue (St. Martin’s Griffin, 1994.

Ser diagnosticado con una grave enfermedad como cáncer puede ser abrumador de por si. Pero padres que se encuentran en esta situación enfrentan el desafío adicional de tener que compartir esta información con sus hijos. Las siguientes pautas pueden hacer más manejable este difícil proceso.  

No guarde secretos

Los adultos pueden pensar que están protegiendo a sus hijos al no hablar sobre una grave enfermedad con ellos. Pero guardar secretos es el enfoque equivocado, dicen los expertos. «Los hijos tienen derecho a saber lo que está pasando: son parte de la familia», dice Martha Aschenbrenner, directora del programa KNIT (Kids Need Information Too – Los Niños también necesitan Información) en el Children’s Cancer Hospital del M. D. Anderson.

Los niños usualmente saben cuando las personas están ocultando algo. Esto alimenta la desconfianza y les enseña que está bien no hablar sobre los problemas. Además, se sentirán profundamente heridos— y usted tendrá que ponerse al día—cuando por fin se enteren de la verdad.

En cambio, la Srta. Aschenbrenner sugiere que hable abiertamente con sus hijos de una manera apropiada a la edad. Nadie los conoce mejor que usted, así que confíe en su propio criterio. Lo importante es tener esperanzas y ser sincero respecto a la situación.

Tómese unos días para procesar sus propias emociones, edúquese sobre su enfermedad y piense qué les quiere decir a sus hijos. Lo más difícil es empezar la conversación, dice la Srta. Aschenbrenner, una sobreviviente de cáncer que fue diagnosticada cuando su hijo tenía 4 años de edad.

Pequeños, niños y adolescentes necesitan distinta información

Cuando se trata con un niño, hasta la edad de 5 o 6 años, no es prudente decirle simplemente que está «enfermo». Luego el niño podría empezar a pensar que hasta un resfrío significaría un viaje al hospital.

Dígales, en cambio, que tiene que ir al médico, e identifique la enfermedad por su nombre. Hacerlo no les causará miedo: para los niños de esta edad, una palabra como «cáncer» es tan sólo una palabra. A menos que tenga una enfermedad contagiosa, también necesitan saber que no pueden contagiarse.

Hablar con pequeños sobre la posibilidad de morir puede ser difícil; los padres deben permitirles a los niños que hagan preguntas cuando surjan. Aún sin la enfermedad de los padres, los niños eventualmente experimentarán el fallecimiento de alguien, por lo cual es útil ayudar aún a los más pequeños a entender que significa «morir». Separe este tema de la conversación sobre la enfermedad; explíqueles que cuando alguien muere, el cuerpo deja de funcionar. En este momento se puede hablar sobre la fe y sus creencias religiosas. 

«Y más tarde, si el fallecimiento del padre es inminente, puede referirse a esa conversación previa sobre qué significa morir», expresó la Srta. Aschenbrenner.

Los niños mayores probablemente han escuchado, en términos generales, sobre enfermedades como el «cáncer» y las «enfermedades cardíacas». Así que es importante que les explique el tipo específico de su enfermedad y el pronóstico. Usted no quiere que su hijo piense que se va a morir si las posibilidades de que usted se recupere son excelentes.  

Sin embargo, es normal que los niños entre las edades de 7 y 11 años pregunten si uno de los padres con una enfermedad grave va a morir. No prometa que eso no va a pasar. La Srta. Aschenbrenner sugiere que mejor se conteste así: «Espero que no. Estoy en el mejor hospital y los médicos están haciendo todo lo posible para que mejore. Si algo cambia, te lo diré». Luego, cuando algo cambia, dígaselo.

Es probable que los adolescentes tengan muchas más preguntas. De nuevo, contéstelas abierta y sinceramente hasta satisfacer su necesidad de información. Sea comunicativo con sus hijos mayores si la enfermedad empeora, y explíqueles cómo eso afecta su pronóstico.  

Pero no se alarme si los adolescentes no parecen tener mucho que decir. «Los adolescentes no hablan con sus padres», dice la Srta. Aschenbrenner. «Eso es una conducta normal en la etapa de desarrollo. Lo importante es asegurarse de que están hablando con alguien».

Maneje la situación para bien de su hijo

Los niños de todas las edades necesitan tener la seguridad de que no importa lo que pase alguien se ocupará de ellos. Explíqueles quien los levantará de la escuela, por ejemplo, si usted tiene que ir al médico. Esas conversaciones ayudan a relajar a los niños y a mantener sus rutinas.

Si desea más información sobre este tema o si tiene preguntas acerca de los tratamientos, programas o servicios del M. D. Anderson, llame a la Línea de Información (800) 392-1611 (en los Estados Unidos) o al (713) 792-3245 (en Houston y afuera de los Estados Unidos).

Otros artículos en el número de julio/agosto 2007 de OncoLog:

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