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Extraído de OncoLog, noviembre 2007, Vol. 52, Nro. 11 La protección del corazónPor Karen Stuyck Las cardiopatías (enfermedades del corazón) son uno de los efectos secundarios más comunes que limitan los tratamientos oncológicos. Según los cardiólogos del M. D. Anderson, el control del daño cardíaco de los pacientes y el manejo de los tratamientos oncológicos para minimizar las complicaciones cardiovasculares son las claves para tratar el problema. Prevenir los problemas cardíacos relacionados con los tratamientos en los pacientes con cáncer es especialmente importante hoy en día, expresó el Dr. Daniel Lenihan, profesor adjunto en el Departamento de Cardiología y director de investigación clínica en cardiología. «El tratamiento contra el cáncer se ha hecho tanto más eficaz que, en muchos casos en la actualidad, vivir con cáncer se parece al manejo de una enfermedad crónica como la diabetes o la presión arterial elevada», dijo el doctor. Las estadísticas de la American Cancer Society (Sociedad Americana del Cáncer) indican que la tasa de supervivencia a cinco años para todos los cánceres ha aumentado sustancialmente en los últimos 20 años, pasando del 51% para los pacientes diagnosticados entre 1975 y 1977 al 66% para los pacientes diagnosticados entre 1996 y 2002. «No queremos que nuestros pacientes sobrevivan el cáncer y luego mueran a causa de un problema cardíaco que pudo haber sido evitado». La quimioterapia y aún los nuevos tratamientos biológicos y dirigidos pueden debilitar el corazón de un paciente. Un estudio realizado por cardiólogos del M. D. Anderson, publicado en el número del 29 de junio de 2004 de Circulation, examinó los efectos de 29 antineoplásicos y concluyó que cualquier clase de antineoplásico tiene el potencial de dañar el corazón. Una de las clases más problemáticas de antineoplásicos está constituida por las antraciclinas y antraquinonas, que incluyen a la doxorubicina, ampliamente recetada contra el cáncer de mama, el linfoma y otros tipos de cáncer. Estos medicamentos pueden causar insuficiencia coronaria irreversible o daño del ventrículo izquierdo, expresó el Dr. Edward T. H. Yeh, profesor y jefe del Departamento de Cardiología del M. D. Anderson. Se piensa que el mecanismo sea la lesión directa del miocardio por la formación de radicales libres. Los pacientes que reciben estos medicamentos necesitan ser controlados de cerca para advertir las primeras señales de problemas cardíacos, dijo el doctor, para limitar cualquier toxicidad cardíaca. Otros antineoplásicos tienen una variedad de efectos tóxicos en el corazón. Si la dosis total es elevada, el cisplatino y la ciclofosfamida pueden producir problemas que van desde la hipertensión a la insuficiencia cardíaca crónica. Los antimetabolitos, tales como el 5-fluorouracilo, pueden causar isquemia, que al no ser tratada puede provocar infartos de miocardio. Los nuevos tratamientos dirigidos, diseñados para atacar sólo las células cancerosas, también pueden causar toxicidad cardíaca. Los anticuerpos monoclonales, tales como bevacizumab, cetuximab y rituximab, producen significantes reacciones de infusión, como hipertensión o hipotensión, en algunos pacientes con cáncer. Los antihistamínicos, el acetaminofeno, los esteroides y las infusiones lentas pueden evitar o minimizar dichas reacciones. Se recomienda un control cuidadoso de la hipotensión en los pacientes con cardiopatía preexistente. Si se reconocen lo suficientemente a tiempo, estos cambios en la presión arterial pueden ser tratados fácilmente, dijo el Dr. Yeh. Las investigaciones recientes han proporcionado información útil para tratar estos problemas cardíacos relacionados con los tratamientos. «Antes sólo reconocíamos que las personas corrían riesgo de contraer un problema cardíaco, pero ahora hemos refinado el conocimiento de quién corre riesgo», manifestó el Dr. Lenihan. La toxicidad cardíaca puede darse en cualquier paciente con cáncer, a pesar de que los pacientes mayores o aquellos que ya tienen cardiopatías o diabetes corren el mayor riesgo. Este daño al corazón puede ocurrir durante el tratamiento o meses después. Es importante que los cardiólogos y oncólogos trabajen juntos para evitar la toxicidad cardíaca durante el tratamiento y para tratar cualquier problema cardíaco que aparezca, dijo el Dr. Lenihan. Él y otros médicos en el Centro Cardiopulmonar realizan frecuentemente consultas con los oncólogos del centro oncológico o con cardiólogos fuera del M. D. Anderson. Les pueden pedir que evalúen problemas tales como el riesgo de enfermedad cardiovascular para un nuevo paciente de cáncer o cómo minimizar los efectos del tratamiento oncológico para un paciente con cardiopatía preexistente. Dependiendo del caso en particular, podrían recomendar ajustar los medicamentos cardiovasculares del paciente durante el ciclo de quimioterapia, ya que la quimioterapia afecta típicamente la presión sanguínea. El tratamiento cardíaco de un paciente también podría ser cambiado debido a un tratamiento oncológico inminente. Por ejemplo, no se debería implantar un stent porque los anticoagulantes (que son necesarios porque de lo contrario se formarían coágulos en el stent) están contraindicados durante la quimioterapia. En cambio, el Dr. Lenihan dijo que él probablemente recomendaría maximizar el tratamiento médico para manejar los problemas cardíacos. Otros pacientes tendrían que suspender clopidogrel (un anticoagulante) por un tiempo antes de una cirugía de cáncer debido a que el medicamento podría afectar adversamente la capacidad de coagulación. «La elección del tiempo puede ser crítica», dijo el Dr. Lenihan. «Queremos minimizar el tiempo que un paciente no este tomando ese medicamento porque entendemos lo importante que es». El doctor manifestó que educar a otros médicos sobre las nuevas técnicas de control para limitar la toxicidad durante el tratamiento oncológico es también de vital importancia. Él y otros médicos del M. D. Anderson han hecho presentaciones ante la Heart Failure Society of America (Sociedad Americana de la Insuficiencia Cardíaca) para informar a los cardiólogos sobre la prevención de los problemas cardíacos durante el tratamiento contra el cáncer. En febrero pasado, el primer simposio Asociación entre la Cardiología y la Oncología, realizado en el M. D. Anderson y presidido por el Dr. Lenihan, ofreció a los profesionales médicos una exhaustiva revisión de las complicaciones cardiovasculares relacionadas con el tratamiento contra el cáncer. En el próximo mayo se realizará una segunda conferencia en conjunción con el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center en Nueva York. Los cardiólogos y los oncólogos, expresó el Dr. Lenihan, pueden tener diferentes perspectivas o enfoques, pero los pacientes con cáncer y problemas cardíacos sólo pueden beneficiarse de una asociación entre las dos especialidades médicas y el control interdisciplinario de sus tratamientos. El Dr. Lenihan también participa en investigaciones para poder detectar antes que las técnicas de monitoreo usadas comúnmente la toxicidad cardíaca después de la quimioterapia. Uno de sus estudios en el M. D. Anderson usó análisis de sangre específicos de la cardiología—los biomarcadores cardíacos como el péptido natriurético tipo B y la troponina—para identificar la toxicidad cardíaca antes que los métodos convencionales. El estudio preliminar será repetido de una manera más definitiva en otras instituciones, dijo el Dr. Lenihan. El doctor tiene esperanzas que estas investigaciones ayudarán a identificar los problemas cardíacos relacionados con la quimioterapia «al comienzo del problema para que podamos idear maneras de evitar que se convierta en un problema real». «En este momento, solo respondemos a los problemas después que se desarrollan, pero nuestras investigaciones con biomarcadores ofrece un mecanismo para reaccionar mucho antes y poder idear una estrategia de tratamiento para limitar o evitar dicha toxicidad».Para más información, llame a askMD Anderson al 1-877-632-6789 o visite www.mdanderson.org/care_centers/cardiopulmon. 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