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Dra. Karin M.E.H. Gwyn Profesora Adjunta Departamento de Oncología Médica de Mama
Dr. Richard L. Theriault, |
Desde 1989, más de 50 mujeres embarazadas con cáncer de mama (el mayor cohorte conocido) se han registrado en un protocolo de tratamiento en el M. D. Anderson Cancer Center. A continuación presentamos un sumario de lo que hemos aprendido.
Revisando nuestra experiencia, encontramos que la mamografía (con protección abdominal) y la ultrasonografía en las mujeres embarazadas pueden ser bastante efectivas para diagnosticar anormalidades y evaluar la amplitud de la enfermedad localmente. El método que usamos más comúnmente para diagnosticar cáncer de mama invasivo es una biopsia de la lesión. Estas biopsias deberían ser interpretadas por un patólogo familiarizado con los cambios que ocurren en la mama durante el embarazo.
Las pacientes con cáncer de mama clínicamente avanzado deberían ser evaluadas para descubrir metástasis. Nuestro enfoque incluye rayos X del pecho (con protección abdominal), ultrasonografía del hígado e imágenes por resonancia magnética (sin contraste) de la columna después del primer trimestre. Debido a nuestra preocupación con la exposición a la radioactividad, tratamos de evitar el uso de tomografía computarizada y escáner de hueso.
Para tratar a una mujer embarazada con cáncer de mama es necesario un equipo de profesionales que incluya especialistas en salud maternal y fetal. La ultrasonografía se usa para determinar la edad del feto, su desarrollo y la fecha anticipada de nacimiento, ya que esto tiene un impacto importante en la planificación del tratamiento.
La cirugía de mama se puede realizar usualmente con un mínimo de riesgo para el feto. La radioterapia requerida para completar la operación de conservación de mama está contraindicada durante el embarazo, pero la conservación de la mama es posible en mujeres que son diagnosticadas en el tercer trimestre o cuyos cánceres requieren quimioterapia antes de la operación.
Las indicaciones para la terapia sistémica son las mismas que en una mujer no embarazada. Creemos que la quimioterapia con 5-fluorouracil, doxorrubicina y ciclofosfamida es generalmente segura en el segundo y tercer trimestre. Evitamos la quimioterapia durante el primer trimestre porque el riesgo de exposición fetal es demasiado alto. También evitamos el uso de metotrexato, un abortígeno, y no usamos taxanos o tamoxifeno porque su seguridad en pacientes embarazadas no ha sido establecida.
Los datos limitados de que disponemos no apoyan la creencia de que terminar el embarazo mejora la supervivencia de los pacientes con cáncer de mama. No obstante, en casos ciertos o sospechados de teratogénesis fetal o si la salud de la madre está en peligro, puede ser apropiado.
Seguimos evaluando y tratando mujeres embarazadas con cáncer de mama como parte de nuestro protocolo clínico y haciendo el seguimiento tanto en nuestros pacientes como en sus hijos, para determinar la efectividad de la terapia además de los efectos a largo plazo de la exposición in utero a la quimioterapia.
Si desea más información sobre este tema o si tiene preguntas acerca de los tratamientos, programas o servicios del M. D. Anderson, llame a la Línea de Información (800) 392-1611 (en los Estados Unidos) o al (713) 792-3245 (en Houston y afuera de los Estados Unidos).
Otros artículos en el número de enero 2004 de OncoLog:
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