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Extraído de OncoLog, diciembre 2004, Vol. 49, No. 12

Medicamentos corrientes ofrecen una nueva esperanza contra el cáncer

por Katie Prout Matias

Dra. Khandan Keyomarsi y Dr. Ekem Efuet

La Dra. Khandan Keyomarsi (der.), profesora adjunta en el Departamento de Oncología Radiológica Experimental, ha usado exitosamente las estatinas para detener el crecimiento incontrolado de células cancerosas en estudio de laboratorio de varias líneas celulares. Aquí, ella examina películas con el Dr. Ekem Efuet, un médico cursando estudios posdoctorales.

Nadie piensa mucho sobre las maravillas que hace la aspirina, esa pastillita blanca, inocua y amarga. ¿Sabía usted, por ejemplo, que viajó a la luna en 1969 o que fue realmente recetada hace 2 400 años por Hipócrates? Este último halló que masticar la corteza del sauce, que contiene la forma natural de la aspirina, aliviaba los dolores y la fiebre. Lo más impresionante es que, además de combatir la artritis y las enfermedades cardiovasculares, la aspirina también puede tener el poder de prevenir ciertas formas de cáncer.

Tal vez la aspirina no sea el único medicamento corriente que tenga este inesperado y beneficioso efecto secundario; muchos otros medicamentos antiartríticos, además de algunos medicamentos contra el colesterol, han sido asociados con una menor incidencia de cáncer entre sus usuarios a largo plazo, en múltiples estudios retrospectivos. Como parte de una búsqueda en curso de terapias anticancerosas menos tóxicas y caras, los investigadores del M. D. Anderson Cancer Center están investigando el potencial preventivo y terapéutico de productos farmacéuticos no relacionados con el cáncer.

Quimioprevención con los AINE (antiinflamatorios no esteroides)

El viejo dicho «Tome dos aspirinas y llámeme mañana» está siendo aplicado más o menos ahora a los pacientes con mayor riesgo de cáncer colorrectal. Se ha demostrado que el consumo diario de aspirina a largo plazo corta la formación de pólipos en el colon en casi un 35%, motivo por el cual muchos médicos están recetando ahora bajas dosis de aspirina a pacientes con alto riesgo de cáncer colorrectal. «Hay un conjunto muy grande de datos epidemiológicos que apoyan a la aspirina, y la aspirina es barata», dijo el Dr. Patrick Lynch, J.D., profesor adjunto en el Departamento de Medicina Gastrointestinal y Nutrición. «Con lo único que tengo reservas para recomendar que cualquier persona con mayor riesgo de cáncer colorrectal tome dosis bajas de aspirina son los un poco impredecibles efectos secundarios, como sangrado gastrointestinal y las úlceras».

En años recientes, los científicos han desarrollado las así llamadas «superaspirinas», los inhibidores de la ciclooxigenasa 2 (COX-2) como celecoxib (Celebrex). A menudo usados en el tratamiento de la artritis, los antiinflamatorios no esteroides más nuevos son tan eficaces como la aspirina para aliviar el dolor, pero tienen menos efectos secundarios. Los efectos secundarios de la aspirina son el resultado de su acción bloqueadora no específica de dos enzimas ciclooxigenasas: COX-1, que se necesita para los tejidos mucosos sanos, y COX-2, que se produce durante las inflamaciones y por los tejidos precancerosos. Celecoxib bloquea solo COX-2, que está implicada en el riesgo de cáncer. (Vea ¿Son seguros los inhibidores de la COX-2?).

Según la Dra. Banu Arun, profesora adjunta en el Departamento de Oncología Médica de Mama, que está estudiando el uso de celecoxib en la prevención del cáncer de mama, los inhibidores de COX-2 tienen efectos antiangiogénicos, contra la proliferación y aumentan la apoptosis.

En su estudio, la Dra. Arun quiere determinar si celecoxib podría proporcionar protección para las mujeres con mayor riesgo de cáncer de mama que no pueden tomar tamoxifeno (el único agente preventivo aprobado para esta enfermedad). El tamoxifeno no actúa en las mujeres con cánceres de mama negativos para receptores de estrógeno, que típicamente son más agresivos y letals que los positivos. «En estudios anteriores, se demostró que los inhibidores de COX-2 previenen ambos tipos de cáncer de mama», dijo la Dra. Arun. «En nuestro actual estudio prospectivo, las pacientes reciben el medicamento por seis o doce meses, y luego observamos los tejidos. Estamos observando los marcadores en la mama asociados con alto riesgo y evaluando la inversión de estos marcadores. Si podemos demostrar la inversión de estos marcadores, entonces el agente puede avanzar al siguiente paso». Los marcadores que están observando incluyen la atipia celular, el índice de proliferación, p53, HER2/neu y la apoptosis.

Celecoxib ha demostrado potencial para ser usado también en la prevención de otros tipos de cáncer, entre ellos el de vejiga, esófago, piel, cerebro, pulmón y cabeza y cuello. Actualmente, la evidencia más fuerte es en la prevención del cáncer colorrectal. En un estudio publicado en el New England Journal of Medicine en el 2000, el Dr. Lynch y otros hallaron que celecoxib reducía el número de pólipos en pacientes con poliposis adenomatosa familiar (PAF), una enfermedad hereditaria que lleva a la formación de cientos a miles de pólipos en el colon y a una tasa de cáncer colorrectal del 100% a la edad de 40 a 50 años. Como resultado de ese estudio, en 1999 la Food and Drug Administration (Administración de Alimentos y Fármacos) aprobó celecoxib como terapia adyuvante para los pacientes con PAF.

«Si tenemos un medicamento o medicamentos que podrían estabilizar los pólipos y evitar que se vuelvan cancerosos o que aumenten en número y tamaño, ellos podrían permitir que los pólipos fuesen más fáciles de manejar endoscópicamente», dijo el doctor. «Tal vez podríamos retrasar la extirpación profiláctica del colon, que es un procedimiento quirúrgico mayor».

Reexaminando los medicamentos para bajar el colesterol

Considerando que cerca de 13 millones de estadounidenses toman estatinas para bajar su colesterol, los recientes hallazgos de que éstas tal vez reduzcan el riesgo de varios tipos de cáncer podrían tener como resultado que estos medicamentos bajaran las tasas de cáncer en general del país. Los recientes estudios sugieren que las estatinas podrían provocar una reducción del 30% del riesgo de cáncer de mama en las mujeres menopáusicas, del 58% en el cáncer de próstata y del 46% en el cáncer colorrectal, además de reducir las tasas de cáncer del páncreas y melanoma en los animales de laboratorio.

A pesar de que muchos estudios retrospectivos han mirado a las estatinas para la quimioprevención, una investigadora en el M. D. Anderson las está estudiando como terapia anticancerosa. En un estudio presentado en el 2003, en la reunión anual de la American Association for Cancer Research (Asociación Estadounidense para la Investigación del Cáncer), la Dra. Khandan Keyomarsi, profesora adjunta en el Departamento de Oncología Radiológica Experimental, demostró que el profármaco de lovastatin, una de las seis estatinas vendidas en los Estados Unidos, detuvo el crecimiento incontrolado de células cancerosas en el laboratorio.

La Dra. Keyomarsi ha examinado las estatinas usando líneas celulares cancerosas de mama, ovario y colorrectales, y ha encontrado efectos comparables. «La vía afectada es bastante ubicua en todos los diferentes cánceres», dijo la Dra. Keyomarsi. «Estamos afectando básicamente los frenos en los ciclos celulares, y esto comprometería el crecimiento de la mayoría de las células cancerosas».

Las estatinas bajan el colesterol al paralizar una enzima llamada reductasa HMG-CoA. El beneficio potencial de los medicamentos en el cáncer podría ser el resultado del hecho de que el profármaco de las estatinas tiene un blanco diferente que la reductasa HMG-CoA, y ese blanco afecta la maquinaria de degradación de las proteínas básicas, conduciendo a la inhibición del crecimiento celular.

Los efectos anticancerosos de las estatinas podrían ser también un resultado directo de que bajan el colesterol. «Yo pienso que cualquier cosa que pueda poner tanto estrés en el cuerpo podría tener efectos nefastos, ya sea en la forma de cáncer o de otras enfermedades», dijo la Dra. Keyomarsi. «Pero es también posible que el mecanismo no tenga nada que ver con bajar el colesterol». De hecho, los hallazgos han sido variados en cuanto a que los medicamentos para bajar los lípidos que no sean estatinas tengan los mismos efectos que éstas.

Si un día los médicos fueran a recetar estatinas como prevención o terapia para el cáncer, tendrían que tomar en consideración los algunas veces graves y hasta mortales problemas musculares asociados con estos medicamentos. Al igual que lo que sucede con la aspirina o celecoxib, los pacientes probablemente tendrían que tomar los medicamentos indefinidamente como quimioprevención.

Son necesarios ensayos clínicos aleatorios, controlados y prospectivos para confirmar si las estatinas pueden verdaderamente prevenir o tratar el cáncer. «Debido a que los casos de los que se tiene conocimiento y a que la evidencia mecanística son suficientes para sugerir que estos agentes podrían ser usados como agentes de quimioprevención, deberían hacerse ensayos clínicos», dijo la Dra. Keyomarsi.

En el horizonte

Los investigadores en el M. D. Anderson y en el National Cancer Institute (Instituto Nacional del Cáncer) están poniendo ahora su mirada en otro medicamento del cáncer para su posible prevención: la rosiglitazona. Usada para tratar la diabetes tipo II, la rosiglitazona ayuda al cuerpo a usar la insulina más eficientemente. Estudios preclínicos muy tempranos han demostrado que también parece enlentecer el crecimiento de tumores e inhibir la angiogénesis.

Según la Dra. Arun, ella y sus colegas están formando un equipo con la Dra. Karen Lu, del Departamento de Oncología Ginecológica, para conducir un ensayo clínico sobre la rosiglitazona para la prevención del cáncer de mama y uterino. «No solo para la mama, sino que también para otras líneas celulares, se halló que el medicamento disminuye la proliferación de células tumorales, lo cual a su vez está asociado con un menor riesgo de cáncer», dijo la Dra. Arun. «Vamos a estudiar este medicamento en pacientes que tienen resistencia a la insulina. Esto ha sido asociado con un mayor riesgo de cáncer uterino y además de mama, de modo que estas poblaciones son ideales para estudiar este medicamento».

A pesar de que la idea de que medicamentos relativamente no tóxicos, que tanta gente ya está usando, podrían estar previniendo algunos tipos de cáncer es sin duda emocionante, el Dr. Lynch aconsejó tener cuidado en verlos como una panacea. «No tenemos ninguna bala mágica», dijo el doctor. «Tenemos agentes que pueden reducir el riesgo, pero los beneficios o riesgos a largo plazo no son conocidos. La necesidad de vigilancia periódica no ha desaparecido. La búsqueda de nuevos y mejores medicamentos continúa».

Consejo sabio, dada la reciente lección aprendida con Vioxx.

Si desea más información sobre este tema o si tiene preguntas acerca de los tratamientos, programas o servicios del M. D. Anderson, llame a la Línea de Información (800) 392-1611 (en los Estados Unidos) o al (713) 792-3245 (en Houston y afuera de los Estados Unidos).

Otros artículos en el número de diciembre 2004 de OncoLog:

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