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Extraído de OncoLog, octubre 2005, Vol. 50, No. 10

 

Foto: Los Dres. Lynne Abruzzo y Stanley Hamilton

Las anormalidades cromosómicas pueden darle a los médicos información precisa sobre la enfermedad de un paciente y su pronóstico, dicen la Dra. Lynne Abruzzo (izq.) y el Dr. Stanley Hamilton.

Citogenética: importantes conocimientos a partir de detalles microscópicos

por Beth Notzon

Al final de un largo y tranquilo corredor, apartado del barullo de un centro oncológico de mucho movimiento, hay un salón lleno de auxiliares de laboratorio de citogenética, mirando detenidamente a través de microscopios y estudiando imágenes muy aumentadas de cromosomas en computadoras. Están observando las primeras señales de cáncer del cuerpo, buscando errores microscópicos en el ADN que pudieran ofrecer más conocimiento acerca del tipo y curso del cáncer de una persona en particular.

Sabiendo que las neoplasias malignas surgen de algún tipo de defecto genético, muchas de ellas están siendo identificadas ahora por estos defectos característicos, explicó Stanley R. Hamilton, M.D., profesor y director de la División de Patología y Ciencias de Laboratorio Clínico del M. D. Anderson Cancer Center de la Universidad de Texas. «La citogenética es la ciencia que estudia a los cromosomas mismos para proporcionar un diagnóstico y pronóstico más específico», dijo el doctor. «Varias neoplasias presentan anormalidades citogenéticas características que nos dicen exactamente con qué tipo de cáncer estamos tratando».

Un ejemplo de anormalidad genética que se observa en prácticamente todos los pacientes con leucemia mieloide crónica se llama cromosoma Philadelphia. Ésta se debe a una traslocación entre los cromosomas 9 y 22. De hecho, es prácticamente el distintivo de este cáncer. Dicha información puede ser la clave para una evolución exitosa, porque no sólo identifica el tipo de cáncer que tiene el paciente sino que también les dice a los médicos cuál sería el mejor tratamiento, cómo reacciona al tratamiento y cuándo existe una recidiva—a menudo antes de que ésta sea evidente por otros medios.

Kimberly Hayes, jefa del laboratorio de citogenética, explicó que «Cuando un morfólogo observa las células, su apariencia puede variar y las conclusiones pueden ser difíciles de interpretar. De hecho, las características morfológicas (el fenotipo) pueden parecer normales, pero las características citogenéticas, el genotipo, pueden ser muy anormales, lo cual puede ayudar a identificar recidivas en sus fases iniciales». Y esto, por supuesto, significa que el tratamiento de enfermedades recurrentes pueda comenzar antes, con una mejor posibilidad de éxito.

Actualmente, son sobre todo los pacientes con hemopatías malignas—leucemias y linfomas—además de los que tienen sarcoma y ciertos tumores malignos infantiles los que más se benefician de la citogenética. Las razones son simples. La primera es que el material es fácil de obtener y a menudo abundante en las hemopatías. La segunda es que no es difícil cultivar estas células cancerosas. La tercera es que las anormalidades genéticas observadas en estas neoplasias no son particularmente complejas.

Foto: Los Dres. Lian Zhao y Lynne Abruzzo

La Dra. Lian Zhao (izq.), auxiliar superior de laboratorio, y la Dra. Lynne Abruzzo estudian un cariotipo anormal.

La historia es diferente con los tumores sólidos. Tal como lo explicó el Dr. Hamilton, «Los cuatro grandes cánceres (pulmón, colorrectal, mama y próstata) presentan más dificultades para trabajar con ellos. En primer lugar, cuesta para que crezcan en un cultivo. Los tumores sólidos también constan de una mezcla de células estromales y epiteliales, por lo cual es difícil obtener una población de células puramente cancerosas y, por último, las anormalidades genéticas son increíblemente complejas en la mayoría de los tumores». Se están empleando y buscando otros medios para llegar a la raíz de las causas genéticas de estos cánceres.

Para apreciar por qué la citogenética es tan valiosa, ayuda si entendemos el proceso que siguen los citogenetistas. Primero, se obtiene el material; para la mayoría de los pacientes con cáncer esto significa sangre periférica y médula ósea. Luego, los auxiliares de laboratorio cuentan el número de células en un volumen específico para determinar el tamaño de la muestra necesaria para un cultivo celular. A continuación, el hecho crítico sobre el que depende toda la citogenética: las células son cultivadas en un medio de cultivo durante 24 horas o más y después son tratadas con colcemid, que detiene la división celular y permite que las metafases sean estudiadas más de cerca.

Luego, la tinción de Giemsa de las células destaca las bandas cromosómicas mediante un proceso denominado bandeo cromosómico de Giemsa. Cada cromosoma normal muestra un patrón de bandas característico y cualquier desviación de este patrón indica una anormalidad genética: eliminación, inversión o traslocación. También puede haber una pérdida o ganancia de cromosomas enteros. Por último, los cromosomas se reúnen en un cariotipo (agrupamiento de los pares de cromosomas).

Otra técnica que emplean los citogenetistas para determinar anormalidades es la fluorohibridación in situ (o FISH, por su sigla en inglés). Se etiqueta el DNA en los cromosomas con una sonda fluorescente y después se observan las células bajo un microscopio fluorescente. A pesar de ser diferente del análisis citogenético, la información que arroja FISH mejora la información sobre el cariotipo. En especial, mientras que el cariotipo da información general sobre el número y apariencia física de los cromosomas, FISH puede indicar si un gene o mutación específico a un cáncer en particular se encuentra presente.

Photo: Joanne Cheng

Joanne Cheng, técnica en citogenética, revisa las alteraciones cromosómicas.

Con la creciente demanda de información citogenética, el M. D. Anderson cuenta actualmente con dos turnos de auxiliares de laboratorio de citogenética, y se habla de agregar un tercero. Debido al desafío que presenta encontrar gente con las habilidades y capacitación apropiados para ser auxiliares de citogenética oncológica, el M. D. Anderson ha establecido su propia escuela para capacitarles.

A pesar de que los diagnósticos citogenéticos y moleculares se han convertido en una parte cada vez más importante de la patología y las ciencias de laboratorio clínico, las herramientas tradicionales de la especialidad seguirán desempeñando un papel importante en el diagnóstico y tratamiento. Como lo explicó el Dr. Hamilton, «La citología, la anatomía patológica y la histopatología seguirán siendo un puntal del diagnóstico durante decenios. Las características morfológicas de lo que observamos bajo el microscopio es el resultado de todas las anormalidades genéticas y epigenéticas que ocurren en las células cancerosas. Éstas son técnicas muy económicas y nos dan muchísima información».

La Dra. Lynne V. Abruzzo, Ph.D., profesora adjunta en el Departamento de Hematopatología y directora del laboratorio de citogenética del M. D. Anderson, señaló que la citogenética es una herramienta tan importante en el diagnóstico y seguimiento de los pacientes del centro M. D. Anderson que los clínicos también «hablan el lenguaje» de la citogenética. «Es parte de su pensamiento, y saben cómo aplicarlo», dijo la Dra. Abruzzo. Otro beneficio de la citogenética en el M. D. Anderson es la comunicación eficaz entre los distintos miembros del equipo (el médico, el citogenetista, el histopatólogo, el radiólogo) que participan en el tratamiento del paciente. La información se comparte. En las reuniones semanales sobre leucemia, como explicó la Dra. Abruzzo, los miembros del equipo «estudian los resultados de la citometría de flujo, los resultados citogenéticos, radiológicos, histopatológicos y otros hallazgos » para formarse un cuadro completo del cáncer de un paciente que les proporcione un mapa total para encarar el tratamiento.

Un error de laboratorio se transforma en un milagro

En realidad, la citogenética ha existido durante mucho tiempo. De hecho, muchos consideran que tuvo su comienzo oficial en 1956 cuando dos investigadores sugirieron por primera vez que podría haber 46 cromosomas en lugar de los 48 que se creyeron por 30 años. Pero, no fue tanto este conocimiento sino la manera en que se obtuvo que se convirtió en el acontecimiento seminal en la citogenética. Lo fue porque, por primera vez, los investigadores habían podido ver los cromosomas como algo diferente a una masa de líneas vermiformes. Hasta se le dio un nombre al milagro: «el milagro hipotónico». En realidad, según Kimberly Hayes, no comenzó siendo un milagro. Comenzó con un error, cuando un auxiliar en el laboratorio del Dr. T. C. Hsu, un citogenetista de renombre mundial, volcó por error una solución salina sobre una muestra provocando que las células, increíblemente y de forma imprevista, se separasen y se hicieran visible los cromosomas.

Si desea más información sobre este tema o si tiene preguntas acerca de los tratamientos, programas o servicios del M. D. Anderson, llame a la Línea de Información (800) 392-1611 (en los Estados Unidos) o al (713) 792-3245 (en Houston y afuera de los Estados Unidos).

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