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Carcinoma avanzado de células renales
La cirugía o la terapia sistémica puede ayudar a controlar la enfermedad
Por Sunni Hosemann
Introducción
Este análisis aborda el carcinoma de células renales (RCC) con una o
más metástasis distantes. No se consideran aquí los cánceres renales
menos frecuentes, como el sarcoma renal y el tumor de Wilms.
El RCC, que representa del 85% al 90% de los cánceres renales, tiene
cinco tipos histológicos. La histología de células claras, a menudo
llamada RCC convencional, se observa en un 80% a un 85% de los RCC. El
RCC de células papilares representa otro 10% a 15% de este tipo de
cáncer, y el resto son casos de RCC cromófobo, de conductos colectores
o sin clasificar.
Nuestro análisis incluye los RCC en los que el paciente se presenta con
un tumor renal primario y una o más metástasis distantes, así como
aquellos en los que el paciente ha tenido una nefrectomía previa y
ahora se presenta con metástasis. En cualquiera de los casos, las
metástasis pueden ocurrir en un único sitio o ser multifocales y puede
haber o no compromiso de los ganglios, dado que los cánceres renales a
menudo se propagan hematológicamente a sitios distantes antes de
afectar los ganglios linfáticos. Los sitios más comunes de las
metástasis distantes del RCC son los pulmones y el mediastino, los
huesos, el hígado, los ganglios linfáticos, las glándulas suprarrenales
y el cerebro; sin embargo, las metástasis pueden afectar cualquier
órgano.
El RCC es susceptible de cirugía curativa si se lo detecta en una etapa
incipiente, pero desafortunadamente un gran porcentaje de pacientes
requiere tratamiento por su enfermedad avanzada. De acuerdo con el Dr.
Eric Jonasch, profesor asociado del Departamento de Oncología Médica
Genitourinaria en el MD Anderson Cancer Center de la Universidad de
Texas, del 25% al 33% de los pacientes con RCC se presentan con
enfermedad metastática, y del 20% al 40% de aquellos que reciben
tratamiento por enfermedad localizada desarrollan metástasis
posteriormente. “En síntesis, esto significa que aproximadamente la
mitad de los pacientes con RCC requiere tratamiento para la enfermedad
metastática”, dijo.
La alta incidencia de enfermedad metastática sugiere la necesidad de
contar con terapias sistémicas eficaces para el tratamiento inicial de
los pacientes con una enfermedad avanzada, y también para el uso
complementario en personas con la enfermedad en estadios inferiores en
riesgo de que el carcinoma se desarrolle; sin embargo, hasta hace muy
poco tiempo se habían identificado escasos fármacos sistémicos de
utilidad.
Dado que el RCC ha demostrado ser particularmente insensible a los
antineoplásicos tradicionales (citotóxicos), estos no se utilizan en su
tratamiento, con una excepción: los pacientes cuyos tumores tienen
características sarcomatoides se tratan con gemcitabina y
doxorrubicina, o con otros fármacos que trabajan contra el sarcoma.
Cualquiera de los subtipos histológicos del RCC puede exhibir un
componente de diferenciación sarcomatoide, considerada una
transformación de alto grado que presagia una evolución más agresiva de
la enfermedad.
En la mayoría de los subtipos de RCC, había pocas opciones disponibles
para tratar la enfermedad metastática o para los pacientes con alto
riesgo de desarrollar metástasis hasta que, en la década de 1990,
surgieron las inmunoterapias con citocinas, especialmente la
interleucina 2 (IL-2) y el interferón alfa. Se comprobó que los
tratamientos de altas dosis de IL-2 producían remisiones completas en
un 6% a un 8% de los pacientes con RCC metastático, mientras que en un
5% se lograba la cura. Sin embargo, la IL-2 a altas dosis es
extremadamente tóxica y, por lo tanto, apropiada solo para el subgrupo
de pacientes que pueden tolerarla y que tienen probabilidad de
beneficiarse con ella: aquellos con histología de células claras,
buenos antecedentes de respuesta y una carga metastática reducida.
Además, el tratamiento requiere hospitalización y debe administrarse
exclusivamente en un centro de cuidados de apoyo especializados.
El interferón alfa produce beneficios más modestos, pero tiene un
perfil de toxicidad más bajo y es más fácil de administrar que la IL-2,
por lo que se ha utilizado en más pacientes y en más protocolos de
investigación que la IL-2. Debido a que el interferón alfa no ha
demostrado un beneficio en la supervivencia con respecto a otros
fármacos, actualmente no se utiliza como monoterapia primaria, sino en
combinación con nuevos fármacos dirigidos.
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Aproximadamente en 2005 comenzó una nueva era en el tratamiento del RCC
metastático, cuando surgieron los primeros fármacos dirigidos contra
este tipo de cáncer. Desde entonces, la mediana de supervivencia para
los pacientes con RCC metastático ha aumentado de 10 a más de 20 meses.
El desarrollo de estos fármacos fue fruto de una mayor comprensión de
la patogénesis del RCC a nivel molecular, particularmente a partir del
estudio del gen de supresión tumoral de von Hippel-Lindau (VHL). Una
dificultad para utilizar estos fármacos es decidir cuál administrarle a
un paciente en particular y cómo aplicarlos junto con las
intervenciones quirúrgicas.
La Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos ha
aprobado siete fármacos dirigidos para tratar el RCC metastático. Los
fármacos sunitinib, sorafenib, pazopanib, axitinib y bevacizumab son
antiangiogénicos dirigidos a la vía del factor de crecimiento
endotelial vascular (VEGF), en tanto que el temsirolimús y el
everolimús son inhibidores de la diana de la rapamicina en las células
de mamíferos (mTOR). “Mientras que la quimioterapia antineoplásica
convencional se dirige a las células tumorales, los fármacos anti-VEGF
apuntan al microambiente, el hábitat en el que crecen”, dijo el Dr.
Nizar M. Tannir, profesor asociado y subdirector del Departamento de
Oncología Médica Genitourinaria.
Los fármacos dirigidos son más fáciles de administrar (muchos son
orales) y tienen menos efectos secundarios que las inmunoterapias
tradicionales. De acuerdo con el Dr. Surena F. Matin, profesor asociado
del Departamento de Urología, la disponibilidad de estos nuevos
fármacos ha cambiado el paradigma para el tratamiento del cáncer
avanzado de riñón. “El enfoque anterior consistía en extirpar el riñón
en primer lugar, incluso en los pacientes con enfermedad metastática”,
dijo, “pero las nuevas clases de medicamentos disponibles actualmente
están cambiando esa postura y tenemos más opciones”.
Opciones de tratamiento
Las opciones de tratamiento habituales para los pacientes que presentan
RCC metastático son la nefrectomía y la metastasectomía, la cirugía
citorreductora seguida de terapia sistémica, o la terapia sistémica
primaria.
El enfoque para un paciente individual se determina mejor por medio de
un equipo multidisciplinario, en el cual oncólogos médicos y
quirúrgicos colaboran para sopesar los numerosos factores involucrados.
Cirugía
Para considerar las opciones de tratamiento de un paciente, una de las
primeras tareas es evaluar si la enfermedad es resecable y si la
persona está en condiciones de tolerar la cirugía. La resecabilidad
depende en gran medida de la localización y la distribución de la
enfermedad primaria y metastática. Según el Dr. Matin, la cirugía
(nefrectomía y metastasectomía) es una alternativa razonable para un
paciente cuya enfermedad está alojada principalmente en el riñón con
una carga metastática reducida—tal vez una lesión metastática
solitaria—o si presenta una metástasis única después de una nefrectomía
previa. Por el contrario, un paciente con un tumor primario pequeño y
una mayor carga metastática—tal vez metástasis multifocales—tiene una
menor probabilidad de beneficiarse con la cirugía.
Otras consideraciones pueden ayudar a identificar a los pacientes que
se beneficiarán con la cirugía y a evitar una operación ineficaz en
otros. Los siguientes factores de riesgo, identificados en un estudio
dirigido por el Dr. Christopher Wood, profesor y subdirector del
Departamento de Urología, indican que es improbable que la cirugía
resulte de ayuda, ya que los resultados en cuanto a supervivencia son
casi los mismos para los pacientes con más de tres de estos factores,
independientemente de que se sometan o no a la cirugía:
- síntomas de metástasis,
- niveles elevados de deshidrogenasa láctica (LDH),
- metástasis en el hígado,
- compromiso de los ganglios retroperitoneales,
- compromiso de los ganglios supradiafragmáticos, o
- un tumor primario localmente avanzado.
En algunos pacientes, la nefrectomía puede estar indicada para aliviar los síntomas, sobre todo el dolor y la hematuria.
Los pacientes con tumores primarios potencialmente resecables y
metástasis multifocales resecables pueden beneficiarse con la cirugía
citorreductora seguida de terapia sistémica. La cirugía citorreductora
pasó a formar parte del régimen terapéutico para el cáncer renal
metastático con el advenimiento de las inmunoterapias a principios de
la década de 1990.
De acuerdo con el Dr. Wood, la cirugía citorreductora consiste en
extraer la mayor cantidad posible de tejido tumoral, incluido el
alojado en el sitio primario, los ganglios linfáticos y las metástasis.
Los estudios de la cirugía citorreductora seguida de inmunoterapia
demostraron que, si bien no todos los pacientes resultaron
beneficiados, algunos tuvieron un claro beneficio en la supervivencia,
por lo cual surgieron criterios para seleccionar a los candidatos para
este tratamiento. Tales criterios incluyen un buen estado funcional, la
presencia de histología de células claras, la ausencia de metástasis en
el cerebro, el hígado o los huesos, y la ausencia de características
sarcomatoides.
Terapia sistémica postoperatoria
Pese al advenimiento de los fármacos dirigidos, la terapia con IL-2 en
altas dosis (precedida por la cirugía citorreductora) sigue siendo la
única cura conocida para el RCC metastático; sin embargo, debido a la
rigurosidad y la toxicidad de este ciclo de tratamiento, debe ser
empleado con prudencia en pacientes cuidadosamente seleccionados. Si
bien solo un reducido porcentaje de los pacientes podrán recibir este
tratamiento, es importante identificar a los posibles candidatos antes
de administrarles otros fármacos. Esto se debe a que los estudios
indican que el beneficio es menor y la toxicidad puede ser mayor en los
pacientes que han recibido terapias dirigidas antes de la IL-2 que en
aquellos que no lo han recibido. Los criterios de selección para el
tratamiento con IL-2 son un buen estado funcional sin comorbilidades
considerables, histología de células claras y puntuaciones de riesgo
adecuadas.
Los dos sistemas de puntuación de riesgo más utilizados por los médicos
para dirigir la terapia contra el RCC son las escalas de supervivencia
después de una nefrectomía e inmunoterapia del Memorial Sloan-Kettering
Cancer Center (MSKCC) y de la Universidad de California en Los Ángeles.
La puntuación de riesgo utilizada por el MSKCC, que es ampliamente
utilizada, tiene en cuenta el estado funcional del paciente, el tiempo
transcurrido desde el diagnóstico inicial de RCC hasta el inicio de la
terapia, y los niveles séricos de LDH, hemoglobina y calcio para
estratificar a los pacientes con riesgo bajo, intermedio o alto. Además
de estos factores, a la hora de administrar altas dosis de IL-2 debe
abordarse y tenerse en cuenta la actitud del paciente hacia el riesgo.
Para los pacientes que no son candidatos a altas dosis de IL-2, las
opciones de terapia sistémica postoperatoria incluyen los más recientes
fármacos dirigidos.
El Dr. Jonasch dijo que el bevacizumab se utiliza en combinación con el
interferón alfa, pero que el sunitinib, sorafenib, pazopanib, axitinib,
temsirolimús y everolimús actualmente se emplean por separado y de
manera secuencial en lugar de combinados. Si bien la idea de usar
combinaciones dirigidas a más de una vía o a diferentes partes de una
misma vía es razonable, los primeros ensayos en fase I y II indicaron
que los efectos secundarios de los medicamentos tienden a ser
acumulativos, incluso cuando se emplean fármacos con diferentes
perfiles de toxicidad. “Pese a que el objetivo final de estos fármacos
es poder dar en el blanco en el perfil molecular de cada tumor y así
personalizar el tratamiento, todavía no hemos llegado a ese punto”,
dijo el Dr. Tannir. Por lo tanto, por ahora la elección de los fármacos
a utilizar y la forma de secuenciarlos se decide en función de la
histología del tumor y el pronóstico de las puntuaciones de riesgo
descritas anteriormente.
En general, los antiangiogénicos parecen ser los más útiles para los
pacientes en los grupos de riesgo bajo e intermedio, y los inhibidores
de mTOR han demostrado beneficiar a los pacientes en la categoría de
alto riesgo. No obstante, la eficacia de combinar la cirugía
citorreductora con los nuevos fármacos dirigidos de la misma manera que
la IL-2 aún no se ha determinado en ensayos clínicos.
Terapia sistémica primaria
Los fármacos recomendados para el tratamiento primario del RCC
metastático con histología predominantemente de células claras incluyen
sunitinib, sorafenib, pazopanib, bevacizumab y temsirolimús. Como las
histologías de células claras son las más comunes, se dispone de más
datos sobre ellas en función de estudios que sobre los tipos
infrecuentes de células no claras. Si bien algunos datos apoyan el uso
de sunitinib, sorafenib, temsirolimús y erlotinib en el tratamiento del
RCC de células no claras, los pacientes con estas histologías
actualmente cuentan con la mejor opción en los ensayos clínicos de
fármacos experimentales.
La terapia sistémica está indicada como tratamiento inicial para los
pacientes que no cumplen los criterios descritos anteriormente para la
nefrectomía, metastasectomía o cirugía citorreductora seguida de
terapia sistémica. El grupo que no satisface los criterios para la
cirugía incluye a los pacientes que presentan una gran carga
metastática u otras características que los encuadra en el grupo de
alto riesgo, una categoría de pacientes para quienes no había terapias
efectivas antes del desarrollo de los fármacos dirigidos.
En algunos pacientes, la terapia sistémica inicial puede reducir un
tumor primario de gran tamaño y hacerlo susceptible de cirugía. Reducir
la carga de la enfermedad también puede mejorar la aptitud para la
cirugía en algunos pacientes.
Otros pacientes considerados para el tratamiento sistémico primario en
el MD Anderson son aquellos con los factores de riesgo ya mencionados,
con poca probabilidad de beneficiarse con la cirugía. “En estos casos,
la terapia sistémica puede proporcionar un periodo de observación
terapéuticamente enriquecedor”, dijo el Dr. Jonasch.
El Dr. Tannir explicó que administrar terapia dirigida antes de la
nefrectomía puede ayudar a determinar si un paciente tiene probabilidad
de beneficiarse con la cirugía. Después de recibir la terapia
sistémica, hasta un 20% de esos pacientes tendrán una enfermedad
progresiva, no se beneficiarían de la cirugía y, por lo tanto, se los
puede excluir de tal morbilidad. Los pacientes sin una enfermedad
progresiva generalmente se someten a la nefrectomía citorreductora en
el momento considerado óptimo para cada uno o, en el caso de aquellos
tratados en ensayos clínicos, después de un número fijo de ciclos de un
fármaco particular. “La terapia sistémica es una manera de dejar que la
enfermedad se declare”, dijo. El MD Anderson fue pionero en este
enfoque, que ofrece un beneficio adicional: “Podemos examinar los
tejidos que ulteriormente se extirpen por cirugía para analizar las
vías y los objetivos principales, para luego compararlos con el tejido
no tratado a partir de muestras obtenidas en la nefrectomía y la
metastasectomía”, dijo. Esta información podrá utilizarse para orientar
futuras investigaciones y terapias.
Muchos pacientes responden al tratamiento primario con fármacos
dirigidos y su enfermedad se estabiliza; sin embargo, estos fármacos no
han demostrado ser curativos y la mayoría de los pacientes tratados con
ellos al final desarrollarán la enfermedad. “Debemos adquirir más
conocimiento con respecto a qué determina la respuesta y la evolución
de la enfermedad”, dijo el Dr. Tannir. “¿Qué ocurre en el tumor y su
microambiente para anular la eficacia del fármaco?”.
Algunos pacientes pueden disfrutar de años de remisión parcial o casi
completa, pero con el tiempo desarrollan otros problemas de salud
relacionados con los efectos secundarios acumulativos de la terapia.
Los más comunes son el síndrome nefrótico y la hipertensión. “Es
preciso conocer mejor los mecanismos involucrados”, dijo el Dr. Tannir,
señalando que algunos de los efectos no son simplemente efectos
secundarios, sino que en realidad pueden ser marcadores de la respuesta
a los fármacos. “Necesitamos un esfuerzo concertado para trabajar con
especialistas en nefrología, cardiología, neumología y endocrinología a
fin de comprender mejor estas complicaciones y cómo manejarlas”.
Observación
Si bien la observación (ausencia de tratamiento) no figura entre las
alternativas habituales para controlar el RCC, el Dr. Tannir dijo que
este es el camino inicial más prudente para una minoría de pacientes.
Esto se debe a que la enfermedad debe ser evaluada en el contexto de la
salud general, las comorbilidades y la esperanza de vida del paciente.
“Esta es parte del arte de la medicina que no se puede incluir en
plantillas o pautas”, dijo. Por ejemplo, los pacientes que se presentan
después de haber sobrellevado una nefrectomía con metástasis pequeñas y
asintomáticas en el páncreas, los ganglios linfáticos o los pulmones
pueden tener una enfermedad indolora, sobre todo si ha transcurrido un
tiempo prolongado desde el tratamiento inicial. Para ellos,
especialmente si son ancianos o tienen comorbilidades considerables, el
RCC arroja una menor probabilidad de acortar la vida en comparación con
las enfermedades comórbidas y su tratamiento puede suponer un riesgo
innecesario o perjudicar su calidad de vida, por lo cual puede
diferirse razonablemente hasta que la enfermedad evolucione.
En el horizonte
Pese a que los recientes avances en el conocimiento del RCC han dado
lugar a fármacos dirigidos a la enfermedad a nivel molecular, todavía
no es posible compatibilizar fármacos específicos con histologías
individuales de una manera verdaderamente personalizada.
Los estudios en curso continúan trabajando en pos de la terapia
individualizada. Una de las iniciativas más importantes en el MD
Anderson es el ensayo denominado “Evaluación de dos fármacos
secuenciales en la terapia del carcinoma de células renales (START)”.
El Dr. Tannir es el investigador principal del estudio, en el cual
pacientes con RCC de células claras, metástasis y una nefrectomía
previa son asignados aleatoriamente para recibir una de seis secuencias
de pares de fármacos (everolimús, bevacizumab o pazopanib).
Inicialmente se administra uno de estos tres fármacos y se lo reemplaza
por otro cuando se advierte una evolución de la enfermedad. Una parte
importante de este ensayo es la recolección de muestras de tejido y
sangre junto con estudios por imágenes funcionales para evaluar la
respuesta y la evolución de la enfermedad. “Recopilamos información
sobre las características de los pacientes que responden y sus perfiles
cuando la enfermedad progresa”, dijo el Dr. Tannir.
El Dr. Tannir señaló que con el entusiasmo por los fármacos dirigidos
se ha dejado de prestar atención a las inmunoterapias. Empero, dos vías
inmunológicas recientemente identificadas (PD1 y CTLA4) y los fármacos
dirigidos a ellas han reavivado el interés en las inmunoterapias.
Por último, si bien la enfermedad de von Hippel-Lindau es poco
frecuente, el estudio del RCC asociado a la enfermedad hereditaria
cumplirá una función esencial para determinar la mejor secuencia para
el uso de los nuevos fármacos. El Dr. Jonasch explicó que muchos de los
RCC no hereditarios tienen una mutación VHL que existe solo en el
tumor; sin embargo, en pacientes con la enfermedad de von
Hippel-Lindau, la mutación puede comprobarse en otras células, como los
glóbulos blancos, que son más susceptibles a ser estudiados. El Dr.
Jonasch dijo que el estudio de las mutaciones VHL y los fármacos que
actúan sobre sus vías podría dar lugar a mejores tratamientos para
todos los pacientes y ayudar a determinar la mejor secuencia de
tratamiento para cada persona. A fin de destacar la importancia de
encontrar tratamientos primarios eficaces, dijo: “La oportunidad de
intervenir en el cáncer de riñón no es ilimitada”.
PROFESORES UNIVERSITARIOS COLABORADORES, MD ANDERSON CANCER CENTER DE LA UNIVERSIDAD DE TEXAS |
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Dr. Eric Jonasch
Profesor Asociado, Oncología Médica Genitourinaria |
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Dr. Surena F. Matin
Profesor Asociado, Urología |
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Dr. Nizar M. Tannir
Profesor Asociado y Subdirector del Departamento de Oncología Médica Genitourinaria |
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Dr. Christopher G. Wood
Profesor y Subdirector del Departamento de Urología |
Referencias
Hudes GR, Carducci MA, Choueiri TK, et al. NCCN Task Force report:
optimizing treatment of advanced renal cell carcinoma with molecular
targeted therapy. J Natl Compr Canc Netw 2011;9(suppl 1):S1–S29.
Jemal A, Siegel R, Xu J, Ward E. Cancer statistics, 2010. CA Cancer J Clin 2010;60:277–300.
Motzer RJ, Bacik J, Schwartz LH, et al. Prognostic factors for survival
in previously treated patients with metastatic renal cell carcinoma. J
Clin Oncol 2004;22:454–463.
National Comprehensive Cancer Network: Clinical Practice Guidelines in
Oncology, Kidney Cancer, V2.2012.
Para obtener mayor información, consulte a su médico, visite www.mdanderson.org, o llame a askMDAnderson al 877-632-6789.
Otros artículos en el número de mayo 2012 de OncoLog:
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