Extraído de OncoLog, noviembre-diciembre 2012, Vol. 57, Nros. 11-12

Una amplia gama de tratamientos oncológicos puede producir complicaciones oculares

Por Amelia Scholtz

Aunque la mayoría de los efectos oculares secundarios del tratamiento oncológico pueden ser transitorios y reversibles, los exámenes oftalmológicos regulares y una comunicación efectiva entre el médico y el paciente pueden ayudar a los pacientes con cáncer a evitar daños permanentes.

Las complicaciones oftálmicas más frecuentes del tratamiento contra el cáncer—que pueden resultar de la quimioterapia, la radioterapia, la cirugía y el trasplante de células madre—son la enfermedad de la superficie ocular con xeroftalmía, trastornos de los párpados, cataratas, inflamación e hinchazón de los tejidos oculares, infecciones y sangrado. “Algunas de estas afecciones son de intensidad menor y resultan fácilmente tratables”, dijo la Dra. Stella Kim, profesora asociada de la Sección de Oftalmología en el MD Anderson Cancer Center de la Universidad de Texas. “Sin embargo, desafortunadamente, hemos visto devastadoras afecciones que causan ceguera, que pueden ser consecuencia de infecciones oculares de rápida progresión o de daños permanentes a diversas estructuras oculares. Esto requiere una intervención médica y quirúrgica inmediata”.

A pesar de que muchas complicaciones oculares son transitorias o reversibles, los pacientes que experimentan síntomas similares pueden tener trastornos más graves. Por ejemplo, la visión borrosa puede ser causada por cataratas progresivas, que son un efecto secundario común a varios tratamientos oncológicos, o puede representar una infección intraocular grave o incluso cáncer metastásico del ojo. La naturaleza ambigua de los síntomas oftálmicos torna particularmente importantes los exámenes de ojos regulares y una comunicación clara entre médicos y pacientes.

A pesar de ser generalizadas, las complicaciones oculares del tratamiento oncológico son, según la Dra. Kim, “probablemente subreportadas y subtratadas”. Por cierto, todos los tipos de tratamientos oncológicos pueden producir problemas oculares, si bien los síntomas y las condiciones subyacentes que los causan pueden variar.

Ciertos tratamientos del cáncer son más propensos que otros a producir complicaciones oculares. En general, los pacientes que reciben quimioterapia son más susceptibles a las infecciones oculares y al sangrado como consecuencia de su estado inmune comprometido y sus bajos recuentos de plaquetas. Los pacientes que reciben regímenes de quimioterapia que incluyen esteroides son particularmente propensos a un desplazamiento del error refractivo (lo que requiere un cambio en la prescripción de lentes correctivas), debido a las cataratas. Muchos pacientes experimentan efectos oculares secundarios después de un trasplante de células madre, particularmente si es alogénico. La radioterapia administrada a las estructuras oculares y sus inmediaciones puede causar inflamación y una destrucción continua de todas las capas del ojo. La cirugía de cabeza y cuello realizada cerca del ojo a menudo causa una desalineación de los párpados y la órbita ocular que requiere una intervención quirúrgica. Por último, se han observado complicaciones oculares novedosas en pacientes que reciben terapia oncológica dirigida.

Complicaciones oculares más frecuentes

Las cataratas son particularmente frecuentes en pacientes con cáncer que han recibido esteroides. Estos fármacos, ya sea que se administren en gotas oculares o sistémicamente como parte de un régimen de quimioterapia, pueden inducir o acelerar el desarrollo de cataratas. Estas pueden también ser consecuencia de radioterapia en el ojo, el cerebro o todo el cuerpo.

Las cataratas resultantes del tratamiento oncológico pueden manejarse inicialmente tal como las que obedecen a otras causas. A menudo, dijo la Dra. Kim, todo lo que se necesita para mejorar la visión del paciente es una receta de anteojos actualizada. Cuando las cataratas provocan una pérdida de la visión que afecta las actividades de la vida diaria, debe realizarse cirugía para mejorar la calidad de vida del paciente. “Existen consideraciones quirúrgicas particulares relacionadas con los tratamientos oncológicos actuales y anteriores del paciente”, dijo la Dra. Kim. “En consecuencia, el enfoque óptimo es que el cirujano comprenda la historia de cáncer del paciente”.

Según la Dra. Kim, la infección ocular también puede ser un problema grave en los pacientes con cáncer. Aunque a menudo las infecciones son reversibles cuando se identifican precozmente, si se permite que avancen pueden provocar daños considerables e irreversibles a todas las capas del ojo. Quienes reciben tratamientos mielosupresores son particularmente susceptibles a todas las formas de infección. En los pacientes con cáncer también es común la reactivación de infecciones virales tales como herpes simple, herpes zóster y citomegalovirus, y todas ellas pueden afectar el ojo en diferentes grados. “Es importante que el oftalmólogo conozca la historia de infecciones del paciente, a fin de evaluar si una conjuntivitis se debe a inflamación o sequedad ocular, o bien a inflamación o infección causada por bacterias o reactivación viral”.

El glaucoma es otra posible complicación del tratamiento oncológico y es más común en pacientes que han recibido taxanos, como paclitaxel o docetaxel. Las investigaciones de la relación entre el docetaxel y el glaucoma sugieren que el fármaco puede provocar que las células endoteliales se separen del revestimiento de los capilares del ojo. Esta separación permite que el líquido pase del sistema circulatorio a los espacios intersticiales del ojo, lo que aumenta la presión intraocular. Los pacientes con glaucoma pueden ser tratados con medicamentos, cirugía o procedimientos con láser.

En los receptores de trasplantes, es de particular preocupación la enfermedad del injerto contra el anfitrión (GVHD), que es cada vez más común y que puede afectar cualquier parte del ojo. La GVHD puede ser aguda o crónica, y es especialmente común después de los trasplantes de médula ósea y células madre. En su manifestación ocular, la afección usualmente consiste en inflamación de la conjuntiva y las glándulas lagrimales, lo que da lugar a dolor, sequedad y sensación arenosa. Los pacientes con GVHD ocular crónica también tienen mayor riesgo de infecciones oculares. En casos graves, esta enfermedad puede producir daños en la córnea y la conjuntiva, e incluso una pérdida permanente de la visión.

Recomendaciones para médicos y pacientes

Es de vital importancia que tanto el médico como el paciente tomen conciencia de los problemas oculares potenciales. Para los pacientes, la comprensión de la amplia variedad de problemas oculares que pueden acompañar el tratamiento oncológico puede ayudarles a informar sus síntomas en el momento oportuno. A su vez, los médicos pueden facilitar las evaluaciones oculares oportunas de sus pacientes.

Debido a que la sequedad ocular es un efecto secundario común de cualquier tratamiento oncológico, los pacientes siempre se beneficiarán de una hidratación de los ojos concomitante. Esto es crucial, ya que minimiza el potencial de microabrasiones e infección. Las lágrimas artificiales sin conservantes, que se pueden adquirir sin receta médica, pueden ayudar en este sentido, al igual que las compresas tibias.

También de importancia crítica para evitar las infecciones es abstenerse de usar lentes de contacto durante el tratamiento. La Dra. Kim explica el motivo: “Las lentes de contacto pueden actuar como cuerpo extraño o nido infectivo en la superficie del ojo. Esto se convierte en un problema mayor cuando la función lagrimal es muy baja, como es el caso después de muchos tipos de quimioterapia y radioterapia”. Lo que es más importante, los pacientes deben consultar con su médico si experimentan algún cambio en la visión. Es más probable que una notificación temprana permita intervenir mientras la afección es aún reversible.

Los médicos pueden ayudar a los pacientes con cáncer informándoles que durante el tratamiento pueden sufrir alteraciones visuales. “Los pacientes deben saber que durante la quimioterapia, las fluctuaciones de la visión suelen ser bastante comunes”, dijo la Dra. Kim. “No obstante, ya que los síntomas por sí solos no pueden pronosticar qué tipo de problemas oculares pueden estar experimentando, en caso de duda, una evaluación oftalmológica puede ser útil para descartar cualquier patología grave”.

Investigación

Trabajando en estrecha colaboración con el equipo de trasplante de células madre de MD Anderson, la Dra. Kim está llevando a cabo investigaciones clínicas y traslacionales de GVHD ocular. En la reunión anual de la Academia Americana de Oftalmología, a realizarse en noviembre, presentará los resultados de un estudio organizado por el Grupo Internacional de Consenso de GVHD Ocular Crónica. Asimismo, como directora de investigación clínica oftalmológica, la Dra. Kim supervisa las actividades de colaboración en esta especialidad para seleccionar pacientes con toxicidad ocular en más de 60 ensayos de fases I y II, realizados por diversos departamentos de MD Anderson.

“Al atender a pacientes con cáncer, nuestro papel como oftalmólogos es tranquilizarlos y ayudarles a resolver cualquier problema ocular provocado por el tratamiento oncológico”, dijo la Dra. Kim.

Para obtener mayor información, llame al Dra. Stella Kim al 713-563-0854.

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